Viejito querido, tanto tiempo juntos, tanto tiempo,
para que los pájaros negros vuelen y te eleven,
llevándote a la tierra,
haciéndote parte de ella.
Cómo olvidar tan lindos momentos pasados,
cómo no llorar por no tenerte más a mi lado.
Pero no voy a llorar,
la tierra tampoco va a tronar,
porque lo que viviste,
fue más que un milenio,
más que añares,
mas que la vida de muchos.
Viejito querido, qué ganas de abrazarte,
de despedirme por última vez,
de saber que no vas a volver aunque yo piense que estás viajando,
de aceptar que no estás más a mi lado.
Mi maestro vital,
el que me dio todo lo que sé,
el que me dejó realmente ser.
Aprender a caminar, a andar en bici, en patines, en patineta,
- siempre quisiste que nunca parara y arrasara con el viento –
aprender a sonreír, a no llorar, a imaginar y a tomar la vida como un juego.
Creaste bellas ilusiones en mi mente,
ilusiones que al ser reveladas, no lastimaban,
sino que deseaban seguir viviendo.
Siempre usaste lo simple de forma compleja;
- ¿Te acordás de la quesera que convertías en la lámpara de Aladino,
que al yo desaparecer, daba lugar a tizas y colores?
¿Te acordás de nuestros disfraces y juegos payasescos?
¿Te acordás de mí, la pequeña, recitándote todos esos tangos de Gardel que tanto te gustaban, vistiendo tus trajes más finos, con bigotes pintados sobre mi boca y la voz impostada, jugando a ser el mejor tanguero?
¿Te acordás de todas las veces que me dabas vida, tanto si me iba mal, como si me iba bien?
¿Te acordás de los veranos que vivía en tu casa y te ayudaba a construir, te pasaba las herramientas y te imitaba aunque mi fuerza no existía?
¿Te acordás de cómo hacías de caballito y yo te montaba sobre la espalda?
¿Te acordás de todas las noches que necesitaba tus besos para poder dormir?
¿Te acordás de las historias que me contabas y que me asombraban tanto?
¿Te acordás de la admiración que sentía por vos? –
Vos todo lo hiciste,
fuiste el único que se tiró al piso cuando nací
y fue levantándose junto a mí a medida que crecía,
todo, todo, para hacerme sentir su igual.
Viejito querido, aunque ya no estés acá,
mi corazón es tu nuevo hogar
y sé que vas a seguir estando más de lo que pensaba, pues
cada vez que el viento sople, sabré que son tus caricias,
cada vez que llueva, sabré que son tus lágrimas por no poder acompañarnos,
cada vez que el sol brille, sabré que me darás fuerzas para continuar.
“Voy a aprender tango” – te dije alguna vez –
y lo voy a hacer, viejito querido, lo voy a hacer,
y cuando mis pasos sean lo que vos esperás,
mi corazón ya estará satisfecho.
Viejito querido, aunque ya no estás,
tu presencia reside más cerca de mi corazón.
Brindo, viejito querido,
por esos tiempos pasados, vividos.
Brindo, viejito querido,
por tu vuelta a la pacha.
Brindo, viejito querido,
para que cuando muera, pueda volver a abrazarte.