sábado, junio 20, 2009

Diálogos I

- ¿Cuál es su profesión?
- Poeta frustrado.
- Pero eso no es…
- Bueno, digamos que mi oficio consiste en ser máquina, lo que lleva a que mi profesión sea acompañada por tal feo adjetivo, vio usted?

Silencio.

(El entrevistador salta por la ventana de vidrio enorme del décimo piso)

Viernes

La noche esconde, envuelve misterios y en ella se refugian los desterrados del día. Los códigos cambian; una simple mirada, en una esquina acordada, es suficiente. La noche no tiene miedo, es cruda, simula un bosque espeso, en el que las bestias rugen hambrientas. Todos esperan que llegue lo que tanto desean con el billete en la mano, y mirando de lado a lado con precaución. El auto frena, la ventanilla se baja, se intercambian las palabras necesarias – que consisten en saber qué y cuánto –, leves sonrisas se corresponden y el auto arranca en dirección a otro encuentro. Mundo paralelo, contaminado por los fantasmas diurnos. Las temidas luces blancas y azules cada tanto aparecen, con su ruidosa sirena, y todos se dispersan, como quien juega a las escondidas. Las acequias y los rincones oscuros parecen refugios agradables ante la idea de padecer entre cuatro paredes de ladrillos. Los ojos desorbitados tras el volante oscilan entre el cuidado y la locura. Las manos bajo el asiento, sosteniendo el frío caño, tiemblan, esperan ansiosas el momento en que la tranquilidad se desvanezca. Más solo es una alerta; el gatillo permanece intacto. Las ruedas siguen girando, las horas pasan apuradas, los billetes se acumulan mientras el bolso se vacía. La adrenalina amerita un trago de cerveza fría, tal vez para olvidar lo que se hace, tal vez para hidratarse y continuar o tal vez, para atenuar el fuego interno que quema. Las risas se suman y, por un instante, simulan ser un grupo de amigos más, en un bar. La unión es la noche. La unión es el sufrimiento. La unión es el deseo de escapar a la realidad. Una lágrima tatuada en el rostro de él no necesita ser explicada. Los cortes en el brazo de ella y los cinco puntos pintados en su mano, tampoco. La habitación baja la tensión; las narices aspiran y el humo se eleva. Confesiones, reflexiones, situaciones que se escuchan, se entienden y se compadecen. La noche ya va terminando. Mientras el mundo se levanta, los seres nocturnos pernoctan, aúllan por sus tristezas y se preparan para la noche siguiente.

SOLO

Estar solo es como la misma muerte,
pero duele más, lastima,
pues la consciencia arremete contra el elixir mortífero.

Estar solo es como estar en el vientre materno,
sin noción del afuera,
simplemente conviviendo con uno, o sobreviviendo.

Soledad cruel e incesante,
cuyas manos me arrebatan
y caigo, hundiéndome en ella, como un niño en un inflable
..............- solo que no río, sino lloro -.

Soledad con tumulto,
soledad con tráfico,
soledad con ruido, gritos
soledad con palabras,
.................................silenciosas y filosas.

El tren pasa, se detiene y abre sus puertas
.............esperando que suba, para partir.
El tiempo pasa, no para y el tren se impacienta
.............pues deben seguir para atravesar el oscuro túnel.

La temida oscuridad se esparce y traga el espacio.
Corro, corro para escapar,
y aunque los pies sangren y duelan, no me detengo.
La luz va disminuyendo,
el humo del carbón se intensifica
............y en un abrir y cerrar de ojos
......................ya estoy dentro del tren.

miércoles, junio 03, 2009

Noches sin sueño II

Surfeo entre lugares montañosos,
escalo las olas del mar,
las estrellas nacen con el sol,
la luna se rodea de nubes de algodón.
África es la punta del mundo,
el capitalismo se hunde en la Antátida.
Tsunamis de noticias,
Boletines de derrumbes.
Todo es caos.
Niños que no saben leer,
gente que muere de hambre,
guerras inventadas.
Eso salió en el diario de ayer, no?
Sordo-mu(n)do.
Ciego mundo, inmundo, mudo.
Bombardeos con “mute”,
una voz en off que relata
imágenes enrojecidas y furiosas.
Los colores se derriten y vuelven al núcleo de la tierra,
no queda más que la neutralidad.
Billetes que se transforman en aves al salir de los bolsillos.
Las ropas se desintegran y se vuelven pétalos.
Los niños se burlan de la desnudez de ellos.
El niño ganó la guerra.
A él le enseñan que hay que alejarse de lo malo
- aunque nunca se les aclara que lo malo somos nosotros –
Sus bombas son flatulencias.
Sus fusiles son pañales usados.
Sus armas son mamaderas.
Sus insultos son eructos.
La verdadera humanidad gana.
La misma tierra nos hunde,
para sacar la basura,
para limpiar.
Es hora de volver a empezar.
Podemos llamarle… Bing-Bang.

- y la misma tierra ahogó las almas en el fuego eterno de la lava –

Saudade

Florecer de otoños añejos,
marchitar de primaveras intactas.
inviernos carentes de frío,
veranos que cristalizan el mar.

Sopor largo y denso,
como el humo del cigarrillo,
una noche en el cenicero,
resaltando a contraluz por la estufa encendida.

Diapositivas desordenadas de vida,
contrastan con el vaivén vertiginoso de la mente.
Residuos, tal vez tóxicos,
que se destruyen en el interior.

Besos que no fueron,
palabras que nunca se dijeron
y quedaron atoradas en el esófago,
produciendo arcadas consecutivas.

Ojos disecados, crujientes,
que a cada parpadear,
se deshacen como las hojas ocre,
se caen de a pedacitos, como un suave granizo.

Caminos recorridos en reversa,
el amanecer nadando en el amplio mar,
el ocaso descendiendo por montes empinados
y el sueño, convertido en realidad.

martes, mayo 19, 2009

No tan lejano

¿Cuántas de las mujeres que poseíste
se hidrataron con tus besos?
¿Cuántos amores tuviste
que en un mes hicieron lo que en un año?
¿Cuántas veces te quisieron profundamente
y pensaron en vos día y noche?
¿Cuándo te entregaste por completo
sin pensar en el futuro, ni en el pasado?
¿Cómo pudiste olvidar todo eso?

La desnudez permanente de un alma sofocada,
el buen humor causado por tus caricias,
la alegría de vivir otro día acompañado,
los labios feroces perdiendo la cordura,
los ojos entrelazados en la constante admiración,
las palabras contadas entre tantos besos,
el cuerpo sin pudor, con aroma a instinto,
la piel brillante cubierta de aquel sabroso sudor,
la risa de lo insignificante,
el fumar un porro sin miedo,
el coger deseperado y pasional, loco, sediento,
el cigarrillo acompañando el descanso,
las miradas bizcas por la cercanía,
el querer acaparar el cuerpo del otro con un abrazo,
el deseo de volverte a ver,
la tarde tomando mates en la plaza,
Zona Ganja sonando mientras nos queremos,
los cuerpos moviéndose atrapados,
la lectura de cuentos eróticos,
el capítulo 7 de Rayuela,
el siempre reiterado "nos vemos mañana".

¿Por qué ese mañana no pudo ser hoy?
Existencia absurda en que todo es efímero.
Jamás se ama y se envejece,
la vejez es el resultado de la falta de amor.
"Casémonos en el campo" - frase ahogada tras el frenar del trole -.
El sueño de un futuro incierto e imposible.
Ya no habrá vino patero,
ni empanadas, ni tonadas.
La tonada será la de mi voz,
aullando por tu ausencia,
lamentándose por la soledad,
buscando el consuelo en las cuerdas.

martes, mayo 12, 2009

QUIERO

Si tan sólo pudieras entender
que callo por no titubear,
que me refugio en la soledad
por miedo a actuar mal,
que río constantemente
para no mostrar mi debilidad.

Miedo a vivir, miedo a morir.
No lo quiero mostrar.
Tú tienes que perforar mi carcaza de metal.

El frío de la noche abraza mis pies
ya que no me atrevo a buscar tu presencia.
Las sábanas escarchadas me atan
y yo no puedo pedir tu calor.
El deseo se reprime
escondiéndose tras lecturas eternas.
Las hojas se llenan de palabras
que no sirven para tenerte a mi lado.
El tiempo se detiene con mis pensamientos vertiginosos
y los segundos golpean en mi habitación
recordándome la soledad.

Quiero que seas vidente,
para adivinar lo que siento.
Quiero que seas fantasma,
para que atravieses mis paredes y me abraces.
Quiero que seas alma,
para que entres en mí y reconfortes mi soledad.
Quiero que me ames,
aunque no sepas que existo.

Cuánto tiempo más...

¿Cuánto tiempo más deberemos esperar -amor-
para volvernos a encontrar, como viejos amigos?
¿Cuánto tiempo tendré que con vivir con ella,
soledad desconsoladora,
pesadilla de mis noches, maldición de mis días?
¿Cuánto tiempo más
me desmoronaré en gritos, rogando
tu regreso,
deseando que tu ausencia sea sólo pasajera?
¿Cuánto tiempo -cariño-
seré la esclava de tu abandono,
el Jesús de tu cruz,
el niño de tu hambre?
¿Cuánto más te reirás a mis espaldas
esperando que sucumba ante el abandono
y me hunda en gargantas profundas, ahogadas por palabras frías,
flotando sobre el abismo,
crucificándome con clavos oxidados y maderas astilladas?
Cuanto más tiempo te espere -amor-
más me daré cuenta de que no te necesito.

LLAMADA TELEFÓNICA

Marco el número y prosigo con un tímido “hola”.
- Hey gorda, ¿cómo andás? - preguntó él con voz preocupada.
- Bien, saltando en una pata (y pensé: saltando en una, porque la otra está inmovilizada por el dolor que causaste.).
- ¿Segura que estás bien?
- (pienso: ¿acaso no puede interpretar por sí solo que mi voz está apagada?) Sólo quería saber si íbamos a hablar, o si ya daba todo por terminado. No quiero seguir esperando algo que ya está dicho.
- Sí, vamos a hablar.
- ¿Cuándo? Necesito saber cuándo.
- El fin de semana, quizás, o la próxima semana.
Silencio.
(pienso: ¿por qué querés disfrutar con mi dolor por tanto tiempo? ¿Cuánto más vas a necesitar para seguir inventando vagas excusas?)
- Gorda, ¿estás bien?
- Sí, chau.
Corto el teléfono sin siquiera esperar su respuesta. Al menos tengo el placer de dejarlo a el esperando, esperando para decir la última palabra, que se va a podrir en su garganta.

Lloro. No estoy bien.

AVÔ

Viejito querido, tanto tiempo juntos, tanto tiempo,
para que los pájaros negros vuelen y te eleven,
llevándote a la tierra,
haciéndote parte de ella.
Cómo olvidar tan lindos momentos pasados,
cómo no llorar por no tenerte más a mi lado.
Pero no voy a llorar,
la tierra tampoco va a tronar,
porque lo que viviste,
fue más que un milenio,
más que añares,
mas que la vida de muchos.
Viejito querido, qué ganas de abrazarte,
de despedirme por última vez,
de saber que no vas a volver aunque yo piense que estás viajando,
de aceptar que no estás más a mi lado.
Mi maestro vital,
el que me dio todo lo que sé,
el que me dejó realmente ser.
Aprender a caminar, a andar en bici, en patines, en patineta,
- siempre quisiste que nunca parara y arrasara con el viento –
aprender a sonreír, a no llorar, a imaginar y a tomar la vida como un juego.
Creaste bellas ilusiones en mi mente,
ilusiones que al ser reveladas, no lastimaban,
sino que deseaban seguir viviendo.
Siempre usaste lo simple de forma compleja;
- ¿Te acordás de la quesera que convertías en la lámpara de Aladino,
que al yo desaparecer, daba lugar a tizas y colores?
¿Te acordás de nuestros disfraces y juegos payasescos?
¿Te acordás de mí, la pequeña, recitándote todos esos tangos de Gardel que tanto te gustaban, vistiendo tus trajes más finos, con bigotes pintados sobre mi boca y la voz impostada, jugando a ser el mejor tanguero?
¿Te acordás de todas las veces que me dabas vida, tanto si me iba mal, como si me iba bien?
¿Te acordás de los veranos que vivía en tu casa y te ayudaba a construir, te pasaba las herramientas y te imitaba aunque mi fuerza no existía?
¿Te acordás de cómo hacías de caballito y yo te montaba sobre la espalda?
¿Te acordás de todas las noches que necesitaba tus besos para poder dormir?
¿Te acordás de las historias que me contabas y que me asombraban tanto?
¿Te acordás de la admiración que sentía por vos? –
Vos todo lo hiciste,
fuiste el único que se tiró al piso cuando nací
y fue levantándose junto a mí a medida que crecía,
todo, todo, para hacerme sentir su igual.
Viejito querido, aunque ya no estés acá,
mi corazón es tu nuevo hogar
y sé que vas a seguir estando más de lo que pensaba, pues
cada vez que el viento sople, sabré que son tus caricias,
cada vez que llueva, sabré que son tus lágrimas por no poder acompañarnos,
cada vez que el sol brille, sabré que me darás fuerzas para continuar.
“Voy a aprender tango” – te dije alguna vez –
y lo voy a hacer, viejito querido, lo voy a hacer,
y cuando mis pasos sean lo que vos esperás,
mi corazón ya estará satisfecho.
Viejito querido, aunque ya no estás,
tu presencia reside más cerca de mi corazón.
Brindo, viejito querido,
por esos tiempos pasados, vividos.
Brindo, viejito querido,
por tu vuelta a la pacha.
Brindo, viejito querido,
para que cuando muera, pueda volver a abrazarte.

LA PORRERA

Aunque uno a veces cree que la vida ya ha sido demasiado dura, nunca es tarde para comprobar que puede ser aún más dura. A medida que el tiempo pasa, los adjetivos des-calificativos se van sumando a nuestra persona, hasta que nos damos (o me doy) cuenta de que somos la nada de la que tanto hablaba Sartre. De pequeña, esos apelativos eran leves e incluso tiernos, como pelotín, gordita, chuequita. Ya en la primaria, se deja de lado la ternura y se empiezan a parecer a la crueldad: gorda, cuatro ojos, mudita, autista, ñoña. Y ni hablar cuando se llega a la adolescencia, en que todo adjetivo para referirse a nosotros resulta ofensivo, es un golpe duro, acompañado por culpa y discriminación. La puta, la fácil, la machona, la ridícula, la alcohólica y, el último adquirido, “la porrera”. Si me guiara por distintos significados, podría entender que me llaman así por la cantidad de golpes, porrazos, que me he dado. Sin embargo, ellos lo usan por otra razón: aquella hierbita natural (y rica – yo no dije eso – ). Pero qué horrible que es esa palabra, al menos usen “la fasera” o la “ganja-woman” (que da cierto poder sobrenatural, no?); está bien, voy a aceptar la porrera, ya que es mejor que “la drogadicta”, apelativo cuyas consecuencias son el psiquiátrico, causas legales y los sermones de miles de personas cuyas vidas son peores que las nuestras. Qué extraño que todo lo que produce placer y alegría sea censurado en nuestra sociedad: el sexo, la desnudez, las drogas. Por lo visto, el ser humano es la peor maldición del humano, pues se impide la felicidad, le quita existencia a la existencia misma. ¿Por qué los que más critican son los que menos se atreven a probar? ¿Será por miedo a aceptar que estaban equivocados? ¿Por miedo a sonreír? Sólo ellos saben, o quizás no. No llorés papá, no llorés mamá. Cuántas veces les voy a tener que explicar que sé lo que hago y que soy consciente de lo bueno y de lo malo – a diferencia de ustedes – . Sólo veo espaldas y ausencias. Espacios vacíos que antes eran ocupados por esos a quienes yo había entregado mi corazón. Incluso vos, vos, te alejaste de mí por eso, aunque hacías lo mismo – que según vos, era por mi culpa y mi mal-incentivo – . Ignorancia. No saben nada. Pasáme el papel y el cogollo, flaco. Mmm, cuánta tranquilidad….es como si mis pulmones se hubieran abierto tras tanta opresión. Todo parece más lindo. Sonrío, sonrío, pero no tengo una razón específica. Mis sentidos están alertas a cada mínima señal exterior….tus roces, las voces a lo lejos, la música de fondo, las luces de colores con flashes, el humo de cigarrillo que entra al cuerpo, los hombres en cuero transpirados, el sabor de vino en caja, las carcajadas, el olor de otro porro. La porrera, de un lado a otro va, sin saber donde terminar, riendo y riendo sin parar. Da vueltas en su calesita imaginaria y vuelve a ser niña. La porrera no te pega, sino que resiste tus golpes hasta el cansancio. No da importancia a tus críticas, a tus energías negativas y ríe mientras vos la insultás. La porrera se atreve a seguir soñando, a creer que aunque todo sea una mierda, se puede cambiar. La porrera es lo que vos no querés que sea.

miércoles, mayo 06, 2009

LAS VIAS Y YO

El sol ya ausente. Los autos disminuyendo su frecuencia. Los ruidos esfumándose. El silencio acapara la ciudad. Yo camino. Mis piernas avanzan con un ritmo monótono y lento. El peso de mi cuerpo me agobia. Mi respiración aletargada simula muertes esporádicas. Tengo una casa. Tengo una mujer. Tengo un perro. Tengo una hipoteca. Mi vida es normal. Yo camino. Llego a un lugar; está abandonado. Puertas, ventanas, techos, baldosas… ausentes. Ciudad fantasma. La oscuridad envuelve cada rincón y me acerco poco a poco rozando con manos y pies cada cosa para no caer. Soy cauteloso. Primera habitación: una pequeña luz cuelga lúgubremente del techo y se ladea dejando descubrir los dibujos de las paredes. El espacio se muestra ante mis ojos. Yo camino. Elementos dispersos; telas rojas colgando, tambores arrinconados, pelotas de colores en el piso, aros sostenidos de un clavo. Soy un niño grande. (Juego, río, me caigo, lloro, sigo jugando.) Siempre quise vivir en un circo. ¿Te acordás? Decía que iba a ser el trapecista más famoso del mundo e iba a vivir entre la tierra y el cielo. Hoy, todo cambió. Soy un hombre de traje gris, maletín y una existencia basada en cuentas. Quiero llorar. No, detenéte. “Los hombres no lloran”. Yo camino. Yo avanzo y el espacio retrocede, juego macabro. Todo destruído. Yo y la deconstrucción. Mi ser copiado sobre cemento. Bajo al sótano. Oscuridad. Vacío. Nada. Hundido en un agujero en la tierra, solo. Ideas vertiginosas en mi cabeza. Sueños frustrados. Luces intermitentes en mis ojos. Ropas desgarbadas. Pelo despeinado. Una lágrima. Otra. (Qué importa ser o no hombre). Una sonrisa que se va construyendo. El edificio toma fuerza y los escombros vuelven a sus lugares. El sol comienza a asomar. Subo al techo por una escalera externa y me convierto en un ave que nunca supo volar.

Las vías y yo.

PERRA VIDA

Jugando a ser novios delante de otros,
pero ajenos al juego cuando estamos los dos.
Yo, luciendo aquel anillo entramado por palabras.
Vos, vistiendo un smoking cosido por mentiras.
Palabras, anillo, beso, aplausos y la foto,
fotografía que se desintegra cuando se abren los ojos.
Morbo lúdico, viendo cómo la mirada de tus otros me juzgan,
simulan aceptarme siendo tus crueles fieles.
No te sientas confiado, no,
no eres el primero que usa mi corazón para limpiar el baño,
no eres el primero que me conquista y me hunde en el olvido.
¿Por qué perra vida me odias tanto?
¿Cuánto tiempo tengo que seguir ladrando, aullando, rugiendo
para que me adoptes, vida,
y mi tristeza se esfume?

NO

No quiero ir a la escuela. No quiero estudiar más. No quiero ser tu muñequita – repetí estas tres oraciones durante años de mi infancia –. Siempre me molestan todos en el curso, por ser gorda, estudiosa, callada, usar anteojos, no tener amigos. Quiero quedarme en casa y jugar con mis peluches, ellos me entienden. Cuando me voy a dormir siempre les doy un beso, los acomodo y de noche – lo sé, aunque aún no los he descubierto –, juegan y yo, al despertar, veo cómo sus expresiones han cambiado, al igual que sus lugares. Nadie sabe eso, ellos me guiñan el ojo y yo callo. Mamá, te dije que ya no quiero ir más a danza. Detesto usar esas zapatillitas rosadas con una punta dura que lastima mis deditos. Odio vestir esas mallas apretadas, me siento desnuda. Mamá te dije que ya no soy más tu muñequita. Pasáme el delineador negro y los collares de tachas. Me corto el pelo con rabia – parezco un hombrecito –. No te quiero escuchar más, mis oídos son sordos a tus palabras. Mamá, ya tengo novio, pasáme los forros y compráme pastillas anticonceptivas. Mamá, me voy y ya no vuelvo más. Ya no sos más mi mamá, te dije que no me rompás más las pelotas. Te dije que te odio, te odio por todas las veces que dije no y nunca me escuchaste.

RARA

Rara, qué palabra tan rara – valga la redundancia –. Dos sílabas iguales con diferencia fonética. Nunca supe cuál era su verdadero significado. Según el diccionario, algunos sinónimos son extraño, bizarro. Pero cuando se utiliza para denominar a una persona, ¿qué se quiere decir realmente? Raro sería algo semejante a “anormal”, pero ni siquiera llega a serlo, es algo ambiguo, indefinido, que a veces suscita preguntas como: “¿raro bien o raro mal?”. ¿Cuál es el concepto de normal que se tiene? ¿Varía con el tiempo? ¿Es algo subjetivo u objetivo? Hoy, año 2009, Argentina, Mendoza, ¿qué es ser normal? ¿Trabajar? Trabajo. ¿Estudiar? Estudio. ¿Ir a terapia? Voy (aunque no sé si es un buen ejemplo, ya que recuerdo aquel escrito de Clarice Lispector en el que despide a una empleada por ir a terapia). Entonces, ¿por qué él me dejó por “rara”? Será su machismo, tal vez, el no soportar que yo – una mujer – tenga trabajo, viva sola siendo menor de edad que él, mientras él debe seguir viviendo a costa de sus padres. Yo no lo juzgo, ¿por qué él a mí sí? Sin embargo, sigo sin entender la palabra rara. Creo en mis ideas y acepto mi – leve – tendencia hacia la izquierda. Pienso pero hago. Abro mi mente y dejo de lado los prejuicios. Pruebo, experimento, me equivoco y vuelvo a intentar, pero sobre todo, vivo. ¿Acaso vivir es ser raro? Siempre pensé que el escritor, y el artista en general, era el que más sabía de la vida aunque para todos era un inadaptado social, un “raro”. El artista no se venda los ojos y observa minuciosamente y analiza. Él es quien deja crónicas de nuestros tiempos. Por eso es raro, porque se atreve a ver, a criticar y, por sobre todo, a cambiar. Si me dejás por ser rara, tal vez sea un halago. Tal vez mi misión en la vida no es amar, sino escribir sobre el amor. Tal vez sólo quiero creer esto para que tu pérdida no me mate.

sábado, marzo 07, 2009

Ser mujer

Ser mujer no es andar de punta en blanco todo el día
no es usar maquillajes,
ni tacos,
ni minifaldas,
ni ropa interior de marca.

Ser mujer no es ser un objeto dominable,
ni un electrodoméstico parlante,
o una muñeca inflable con vida.

Ser mujer no es cumplir con medidas específicas,
o ser tratada como un producto de supermercado;

Ser mujer no es hablar de cocina,
o de los problemas domésticos.
No es vivir en la peluquería,
teñirse de rubio,
hacerse una planchita.

Ser mujer no es ponerse siliconas,
o hacerse la cola,
o usar botox,
o incorporar cosas ajenas al cuerpo.

Ser mujer no es ser una muñequita,
ni ser “femenina”,
ni evitar hablar de ciertas cosas.

Ser mujer es tener el poder de dar vida
y decidir si hacerlo o no.
Ser mujer es poseer la capacidad de sentir,
de vivir, de no tener miedos.
Es ir más allá de todo razonamiento
y tener el privilegio de la naturaleza.
Ser mujer es amar sin prejuicios,
difundirlo sin diferenciar.
Es tener el poder de decisión en todo momento,
la capacidad de razonar,
de separarse de sí y adoptar posturas.

Ser mujer es ser, siempre ser.

miércoles, marzo 04, 2009

La reina de las garcas